¿Cuál es tu ikigai? La gran recompensa del compromiso social

By enero 17, 2018Fundación SHE

La palabra ikigai se utiliza en Japón para describir una razón para vivir, el motivo para levantarse y luchar todas las mañanas. También es un estado que combina el sentirse bien y el formar parte de un grupo, y quienes alcanzan este estado no sólo gozan de mejor salud, sino que también viven más. ¿Qué podemos hacer para encontrar nuestro ikigai?

Los caminos hacia la felicidad son muy numerosos y diversos. Pero los expertos en este tema coinciden en que la auténtica felicidad no se halla haciendo el avestruz, es decir, escondiendo la cabeza para ignorar las amenazas que nos acechan, sino todo lo contrario. Las personas felices tienden a estar interesadas y comprometidas con su entorno. El filósofo inglés Bertrand Russell, por ejemplo, escribió La conquista de la felicidad (1930) y fue a la vez una de las personas más comprometidas con los derechos humanos. Ejemplos que enlazan compromiso y felicidad se repiten con bastante frecuencia. El doctor Valentín Fuster nos cuenta en su libro El círculo de la motivación: “Los proyectos científicos y sociales que lidero son sin duda mi principal fuente de energía, el combustible que me mantiene ilusionado y con ganas de seguir adelante”.

Sin embargo, ¿es posible ser feliz y mantener una compromiso social cuando este puede llevarnos a asumir riesgos? Probablemente debamos buscar la respuesta en la capacidad de cada uno y en la combinación de un conjunto de factores que constituyen los contenidos básicos de la educación emocional de cada persona: la autoaceptación, la autoestima y el control emocional, unidos a habilidades sociales como la pasión, el compromiso o la vocación. A partir de ahí, cada uno asume sus riesgos.

Hacer algo de forma voluntaria es beneficioso para la salud.

El efecto de “sentirse bien haciendo el bien” es un proceso de retroalimentación que motiva a las personas a realizar actos altruistas, de voluntariado o compromiso social y que, además, son un medio para crear y mantener vínculos afectivos gratificantes y que fortalecen el sentido de pertenencia a un grupo.

Hacer algo de forma voluntaria es beneficioso para la mente y el cuerpo. Son numerosos los estudios que demuestran que hacer algo voluntariamente ayuda a paliar el dolor crónico y la depresión. Otro beneficio de participar en acciones de voluntariado es que posibilita el diversificar las parcelas que generan felicidad. Del mismo modo que los inversores no arriesgan todo su capital en un solo negocio, es positivo repartir las fuentes de felicidad en actividades y ambientes diversos.

En conclusión, es difícil alcanzar la felicidad cuando manifestamos despreocupación e indiferencia por la realidad que nos rodea. Las personas felices, las que han encontrado su ikigai, están bien informadas y en muchos casos llevan a cabo compromisos sociales.

La felicidad de uno depende, en buena parte, de su capacidad para ayudar a los demás a ser felices.

Fuentes y más información en:

Corazón y mente, Valentín Fuster y Luis Rojas Marcos (Planeta)
El círculo de la motivación, Valentín Fuster (Planeta)
Educación emocional y bienestar, Rafael Bisquerra (Wolters Kluwer)
Pura felicidad, Albert Figueras (Plataforma)

 

Fotografía Rawpixelcom Unplash