Contaminación: los malos humos que enferman el corazón

La contaminación atmosférica se incluye entre los factores de riesgo modificables de las principales enfermedades cardiovasculares. Eso significa que los malos humos que están en el aire son los responsables directos de miles de muertes.

La toxicidad del aire que respiramos está altamente relacionada con enfermedades respiratorias y el cáncer de pulmón, pero, además, las micropartículas que se encuentran en el aire también influyen en nuestra salud cardiovascular y contribuyen a la manifestación de arritmias cardíacas, arteriosclerosis o infartos de miocardio.

PM2,5: las diminutas enemigas del corazón y del cerebro

Así se llaman las micropartículas, provenientes sobre todo de las emisiones de los vehículos de motor diésel, que perjudican la salud cardiovascular. Cuando las inhalamos, estas se atascan en la garganta o en la tráquea y normalmente podemos expulsarlas tosiendo. Sin embargo, las más pequeñas pueden llegan a los bronquios y los pulmones.

Cuando la contaminación es muy alta, las PM2 penetran en las vías respiratorias y llegan al sistema sanguíneo y favorecen el desarrollo de trombos y un incremento de la presión arterial, aparte de producir vasoconstricción de las arterias coronarias, que aportan sangre al corazón y al cerebro.

Niños, ancianos y enfermos crónicos: los más perjudicados por la contaminación

La afectación en niños puede ser más grave, ya que su sistema respiratorio es todavía inmaduro y tienen las vías más pequeñas y estrechas, por lo que se inflaman y obstruyen con más facilidad.

Por otro lado, los malos humos parecen ser responsables de la disminución de peso entre los recién nacidos, según alerta la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR).

La contaminación atmosférica es también muy perjudicial para el sistema cardiovascular de los mayores de 75 años, con el problema añadido de tener las vías respiratorias debilitadas. Asimismo, también la sufren más aquellas personas que presentan algún otro factor de riesgo. Es el caso de quienes padecen diabetes, que presentan un 44 % las posibilidades de padecer una cardiopatía.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) establece entre 25 y 50 mg/m3 el patrón diario límite de concentración de PM2,5. Sobrepasar estos valores empieza a suponer un serio riesgo para la salud. Se estima que la exposición continua a estas partículas reduce la esperanza media de vida en 8,6 meses. Pues bien, entre el 2003 y el 2005, las concentraciones medias diarias de PM2,5 en la ciudad de Madrid variaron entre 5 y 71 microgramos por metro cúbico; y uno de cada 5 días estaban por encima de los límites.

El aire limpio es un requisito básico para la salud y el bienestar

No hay que olvidar que los humanos también somos parte integrante de la naturaleza y si rompemos su armonía sufrimos también las consecuencias. Por eso es muy importante tomar conciencia de que hay que cuidar el aire que respiramos.

Fuentes y más información:

Environmental Health Journal
Fundación Española del Corazón
Revista Española de Cardiología